viernes, 22 de mayo de 2015


Secretos

Todos cumplimos con el pacto de silencio, pero de modos distintos.
Marcos resolvió no volver a hablar en su vida. Admiraba desde joven a Pirrón y sabía que, tarde o temprano, seguiría su ejemplo. De a poco sus familiares se alejaron de él y en los últimos tiempos podía encontrárselo bajo el segundo puente, junto a otros linyeras.
Adriana se recluyó en un convento y decidimos confiar en ella.
Juan hizo un juramento que creyó definitivo. Usó la Biblia de su abuela y un crucifijo de madera pequeño.
Por nuestra parte, Cecilia y yo seríamos los primeros perjudicados en que todo aquello se ventilara.
Han pasado casi nueve años y la reunión de agosto se acerca.
He decidido desempolvar los planos del banco y lo que habíamos escrito sobre posibles coartadas.
Reconozco que estoy nervioso y quizás no era necesario comprar la Colt.... pero uno nunca sabe.
Suena Armstrong de fondo y nos miramos con Cecilia. Hay café caliente y lo que hace nueve años quedó pausado ahora cobra forma de nuevo. Ya ni siquiera discutiré con ellos la autoría del genial plan, como en aquellos tiempos de juventud.
Creo que está todo en orden. 
Todos sabemos que es muy probable que alguno muera, pero a nadie le cabe duda de que hay que hacerlo. 
Garabateo estas líneas y las guardo en un sobre con la esperanza de que, si no sobrevivo, al menos se sepa que el robo al banco es apenas la excusa para que el grupo siga guardando bajo mil llaves la verdadera causa del pacto de silencio.
El ovillo tiene una punta, pero no puedo dar más pistas que ésta. Lo demás será perseverancia de investigadores y aficionados.
Anochece. Cecilia se apoya en mi hombro, el sueño ya nos va ganando

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